A las dos semanas ya Joaquín no podía contener lo que le presionaba en la garganta y quería por lo menos decirle a Claudia los consejos que consideraba pertinente para que ella meditara su solicitud y su proyecto de vida, quizás no volvería con ella, pero le bastaba con saber que intentó ayudarla, y así lo dejó ver en un correo electrónico que le envió:
Mi niña Claudia:
Siempre te diré así, mi niña, sé que este correo te sorprenderá pero aunque te parezca algo tonto no puedo contenerme de escribirte esto después de la discusión.
Tu quieres ser madre soltera, muy bien, yo te voy a decir las consecuencias de ser madre soltera. Al momento de hacerlo te estarás aniquilando la oportunidad de ser feliz al lado de un hombre que te ame, y a la vez le estarás quitando la posibilidad a esa criatura de tener a un padre.
Yo sé que tu podrás sacar a ese niño adelante si así te lo propones, pero una cosa es tu compromiso económico con el niño para que no le falte nada, y otra sus necesidades más allá de lo material que no vas a poder llenar en él.
Puedo comprender que por diversas circunstancias las mujeres se divorcian y deciden ser madres solteras, aún si sigan contando con el apoyo del ex esposo o no, pero como verás la circunstancia es distinta.
No le tienes que demostrar al mundo que puedes y eres fuerte al ser madre soltera por decisión propia y no por circunstancias, a la final sólo tendrás un hijo que muy dentro de él quedará la pregunta ¿Cómo hubiese sido mi vida al lado de mi padre?, ¿Habré sido feliz o fue lo mejor para mi el crecer lejos de él?, preguntas que tejerá paralelamente como una recriminación callada hacia su madre. No es sólo el curso de tu vida que estas decidiendo, sino también la de él. Un hijo no se trae al mundo para llenar un vacío, ni tampoco para solucionar una relación fracturada, se debe traer por amor.
Sólo te dejo estas palabras, no sé si las consideres o no; por mi parte sentía que tenía que decírtelo...
Las preguntas se extinguieron con el mismo agotamiento de los cuerpos, y al día siguiente se vio despierta entre los brazos de él, como si ese “hombre simple” se aferrara a ella, confiara en ella. Era un panorama que Claudia había olvidado después de años de haber enfriado al corazón por miedo, el amor en la cama. Lentamente se zafó de él para no despertarlo, fue a la cocina y preparó un café. Por ser un apartamento pequeño, para solteros, la distancia entre la cocina y el cuarto no era mucho, y apenas Claudia empezó a colar el café el primer asomo del aroma despertó a Joaquín.
- ¡Buenos días preciosa!, umm... preparaste café, que rico.
- Aquí tienes - Dice Claudia mientras le entrega la taza servida y dispone a sentarse en la mesa de la cocina, y Joaquín también dispone a sentarse allí para compartir con ella, pero más que eso necesitaba ese momento para hablar con ella.
- Tengo que serte honesto mi princesa, en realidad te sentí extraña anoche, era como si no estuvieras concentrada en el momento y más bien tu pensamiento estuviera en Marte, qué sé yo, otro planeta. Quiero que me digas si te está pasando algo, si tienes algún problema.- esas palabras de Joaquín bastaron para desorganizar el estómago de Claudia en un revoltijo de miedos.
- Está bien, te seré franca- ella tuvo que sentarse para poder hablar con serenidad- pero quiero que me escuches bien antes de dar una apreciación. Lo que te voy a decir, necesito que lo pienses bien, y no de buenas a primeras.
- ¿Qué será eso?
- Mira Joaquín lo he estado pensando, mírame, tengo ya treinticinco años y me preocupa honestamente que a esta edad no he formado familia, ni tengo hijos – De repente brillan más que nunca los ojos de Joaquín - No sé como lo vayas a tomar, pero viendo tus virtudes tomé una decisión y ahora quiero saber si tu aceptarías ayudarme a ser madre, sin que ello acarree para ti una responsabilidad, es una decisión personal.
La impresión ante el planteamiento no se hizo esperar y el café que estaba saboreando Joaquín se convirtió en un escupitajo que no pudo frenar.
- Ya va Claudia... déjame ver si entendí, tu me estas pidiendo que te ayude a ser madre soltera. Bueno no sé tú, pero para mí, traer niños al mundo no es cualquier cosa, es más; hasta no los traería porque este mundo no es el lugar donde quisiera tener a mis hijos, pero a veces ni modo, las ganas pueden más que la razón.
- No tienes que darme una respuesta ya – interrumpe Claudia- Te dije que era algo para que lo pensaras con calma.
- ¿Y tu crees que no tengo una posición al respecto antes de que alguna mujer me hiciera ese planteamiento?, honestamente esperaba otra cosa de ti.
- No sé Joaquín, si te incomodé discúlpame, sólo te estaba planteando lo que siento y lo que quería.
- Aja, y ¿por qué no me cambias ese discurso a un “Joaquín ?, ¿quieres formalizar la relación?”, creo que hubiese sonado mejor.
- Ya va, ¿cómo pretendías que yo te asomara esa idea si tú no me has dado pie para eso?, y además, si era eso lo que querías ¿por qué nunca me lo mencionaste?.
De repente las preguntas se convirtieron en reproches, las voces iban tomando más fuerza y ya el café perdía el aroma en medio de la molestia, se hacía más incomodo el tema que discutían.
- Lo siento Claudia, creo que vamos por caminos distintos - asiente Joaquín.
Joaquín se levanto de la mesa indignado, dispuesto a vestirse e irse, con las ganas muertas y las ilusiones nuevamente lanzadas a un despeñadero. Cuando finalmente se retiró del apartamento, Claudia sólo quería callar su pensamiento, si antes la aturdía ahora peor, no sabía si tomar la reacción de Joaquín como una niñada y sencillamente abrirse a otra posibilidad, o arrepentirse de sus palabras y rogar por retroceder la cinta que llaman vida.
Pasaron varios días entre los cuales ninguno de los dos se atrevía a llamar o enviar un mensaje de texto por el celular. El orgullo se había instalado como muro entre los dos.
“Tengo 35 años y no he formado familia”, es el pensamiento que domina el sueño y el amanecer de Claudia. Una y otra vez se pregunta cómo es posible haber llegado a esa edad sola y sin hijos siendo toda una profesional, pero su única respuesta es Joaquín, el hombre amable que ahora la corteja y ella trata de encajarlo en su vida sin saber específicamente en qué espacio ubicarlo.
“¿Acaso Joaquín llena mis expectativas o me he vuelto demasiado exigente?”, ella trata de justificar sus decisiones, se repite como un eco las razones, peor que un goteo constante.
- No hay prisa linda, cálmate, y mira, si realmente no te interesa Joaquín no le des más largas al asunto, al pobre lo tienes en una cuerda floja- suelta esa apreciación Mariela, la amiga de Claudia, mientras comparten un café.
- No es tan fácil como eso, sólo fíjate en mi edad y aún no he formado una familia, y bueno si te pones a dar cuenta tampoco debo esperar aún más. Con respecto a Joaquín está bien, quizás si es un buen hombre, pero lo veo como ese tradicional tipo que quiere tener a la mujer en la casa, no quiero eso, por más que quiera formar una familia.
- Te estas contradiciendo amiga, creo que no sabes lo que quieres.
- Ya va, ¿y acaso en algún momento tu creíste que Joaquín iba a llenar mis expectativas?
- Pues déjame decirte que no hay nada perfecto, y sinceramente creo que tal como están las cosas él es un buen hombre comparado con los demás.
- Ok Mariela, ¿Pero qué le iba a aportar de interesante Joaquín a mi vida?, es un hombre demasiado simple y predecible para mi gusto amiga.
- Está bien, como tú prefieras, por lo visto ya tomaste tu decisión.
De golpe se hicieron las ocho de la noche y ya Claudia estaba lista para salir con Joaquín, ¿Cómo?, ella no sabe, es como si hubiese actuado de forma mecánica durante todo ese día, ya que su mente planeaba una y otra vez como solicitarle a él el papel que ella necesitaba que cumpliera. En sí eso no era cosa fácil.
A las nueve en punto de la noche, tal como estaba planteado, Joaquín la pasó buscando, salen a un bar, beben, bailan, escuchan música en vivo, comparten una que otra caricia acompañada de un beso. Él tranquilo disfrutando, como si no pasara nada, ella en cambio absorta tratando de ubicarse en el contexto.
“¿Qué pensará de mí Joaquín si le planteo lo que tengo pensado?, ¡ay no!, ya me estoy creando un meollo en mi cabeza”, decía a sí misma Claudia.
Ella y Joaquín mantenían una relación libre, sin ataduras, pero en la realidad a él le daba fastidio complicarse la vida en ver a otras mujeres, se conformaba con Claudia, aunque ella no fuera el prototipo con la que él pensaba compartir, pero llenaba en gran medida sus expectativas. Quizás el temor a involucrarse seriamente era lo que mantenía sus sentimientos alejados, pero ahí estaban, latentes, como pólvora instalada para ser encendida con el más mínimo asomo de fuego. Bastaba la palabra que diera luz “verde” y el panorama cambiaría. Para Joaquín no sería problema, no era un hombre muy complicado, al contrario poco exigente y sencillo en su vivir.
Se acabó el baile, los tragos, la música en vivo, y llegó el momento de marchar hacia la parte cumbre de la cita. Joaquín ésta vez fue al apartamento de Claudia decidido a quedarse esa noche allí, amanecer con ella como otras tantas veces.
Otra vez comenzó el tango, Joaquín mismo colocó la música adecuada, graduó la luz a una forma tenue, mientras el cuerpo de Claudia se dejaba llevar, pero su pensamiento no estaba allí, estaba en otra galaxia, aquella del plan que ahogaba su garganta de sólo pensar confesarlo.
Él tomó sus mano y muy al estilo medieval besó ambas mientras se arrodillaba para luego imprimir otro beso sobre la figura de las piernas que se dejaban ver a través de la tela del pantalón, después aferrarse a sus caderas y así subir sus manos lentamente sobre su cuerpo hasta apoderarse de su cuello con un largo beso para completar la estimulación. El cuerpo de Claudia respondía, disfrutaba, pero su ser espiritual no estaba allí, padecía de la bruma de pensamientos que no se paraban pensando una y otra vez cómo decírselo, ella simplemente sentía, seguía el vaivén que le invitaba Joaquín.
“¿Será que huirá, o aceptará?, ¿y si acaso estoy dejando pasar la oportunidad de mi vida?, ¿y si después de todo Joaquín resulta un hombre responsable?”, se preguntaba.