martes 19 de mayo de 2009

Hay que ser mujer loba


¿Qué significa ser mujer?, ¿Cuáles son los límites?, ¿Dónde está la verdadera feminidad?, son preguntas que han rodado siempre en mi cabeza. Creo que desde muy pequeña he estado en desacuerdo con ciertas pautas que nos enseñan a las mujeres como verdades absolutas. Recuerdo que de niña, con apenas 6 añitos, le decía a mi mamá que cuando me casara sería con un hombre que le gustara cocinar para que me cocinara y yo hiciera el resto; internamente yo veía inadecuado eso de que las mujeres hicieran todos los oficios de la casa: lavar, cocinar, planchar, etc, etc, y el resto de los etcéteras que se extienden hasta el cuidado de los hijos que debería ser en común, ¿Los fabricaron los dos no?, no uno solo a menos que sea madre soltera por inseminación artificial.


Buscaba, veía, escuchaba, pero sobre todo creo que más he aprendido de la vida en sí, esa ha sido mi universidad. Unas mujeres buscan su feminidad en el tono de voz, ya se imaginarán cual, unas en sus manos delicadas de uñas largas y bien arregladas, otras se sienten más femeninas cuando les cae la maternidad, otras miran en sus senos el mayor poder que tienen. Los hombres poetas cuando escriben lujuriosos verbos en su mayoría describen lo que serían los senos perfectos, ensalzan el útero; pero ¿Qué sería la mujer sin útero y sin seno?, ¿dejaría de ser mujer?. Hay más que eso, mucho más, y allí está la clave del libro "Mujeres que corren con los lobos" de Clarisa Pinkola Estés, escritora, psicóloga con especialidad en psicoanálisis, antropóloga autodidacta, eso último se lo agrego.


Leer el libro me llevó más de dos meses, con toda la calma que requería, cada nota aparte que hacia más entendible el texto, y créanme que lo disfruté muchísimo. No se trata de uno más de autoayuda, en este caso lo preparó una psicóloga que ha vivido desde varias perspectivas sociales. La autora recopiló una serie de cuentos antiguos que eran relatados a las mujeres durante cada etapa de su vida desde la niñez, a lo que agrega su análisis psicológico a los elementos. Me atrevo a decir que es un libro sanador (desde la mirada psicológica) que invita a una nueva feminidad.


No es tampoco un texto para salir corriendo por creer que la mujer salvaje con que se van a topar sea depredadora sin límites. En realidad está alejado de cualquier prejuicio mórbido. Les juro que si tuviese el dinero necesario se lo regalara a todas mis amigas a quienes sé que les caería bien. Aquí les regalo las citas que extraje luego de rayarlo y estamparle unas hojas de taquitos con pega para separar la página del resto:


  • A menudo la vida creativa experimenta una reducción de su ritmo o se detiene porque hay algo en la psique que tiene una opinión muy negativa de nosotras y nosotras estamos allí abajo arrastrándonos a sus pies en lugar de propinarle un sopapo y echar a correr en busca de la libertad.

  • Los estratos del superego cultural pueden ser muy positivos o muy perjudiciales.
  • El mejor amante es el que está hecho de poderosos músculos psíquicos y tierna carne. A la mujer salvaje tampoco le viene mal un amante un poco "psíquico", es decir, una persona capaz de "ver su corazón por dentro" .
  • La muerte siempre está incubando nueva vida aunque nuestra existencia haya quedado reducida a los huesos.

  • Las condiciones culturales más destructivas en las que puede nacer y vivir una mujer son aquellas que insisten en la necesidad de obedecer sin consultar con la propia alma…

  • No llenes el vacío con lo que te resulte más fácil, o lo que tengas a la mano. Espera encontrar la medicina adecuada.

  • La pequeña diosa del vientre Baubo nos recuerda la interesante idea de que un poco de obscenidad puede ayudar a superar una depresión.

  • La cólera corroe nuestra certeza de que algo bueno puede ocurrir. Algo le ha ocurrido a la esperanza. Detrás de la pérdida de esperanza se encuentra la cólera; detrás de la cólera, el dolor, detrás del dolor, habitualmente la tortura de la clase que sea, a veces reciente pero más a menudo muy antigua.

  • Uno de los ejemplos más llamativos de la pérdida de la percepción natural es el de varias generaciones de mujeres cuyas madres rompieron la tradición de enseñar, preparar e introducir a sus hijas en el hecho más fundamental y físico de la esencia femenina que es el de la menstruación. En nuestra cultura pero también en muchas otras, el demonio (*) cambió el mensaje de tal manera que la primera sangre y todos los sucesivos ciclos de sangre se rodearon de humillación y no de admirado asombro, tal como hubiera tenido que ser.
  • Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada ... y tu vida jamás empezará

(*) Literal, no tienen ninguna connotación religiosa, sino cualquier aspecto interno o externo que vaya en contra de la esencia femenina.

4 palabrearon:

Enzo dijo...

Uhm... "feminidad" ¿es una cualidad? ¿es un rango? ¿es inherente a la hembra humana?... el tema ni es largo ni es corto. Ni mucho menos discutible... se es mujer porque se es femenina reconociéndose hembra sin preguntarlo... ¿Puede la loba negar su facultad de ser mamá loba?...

Gaby dijo...

Buen artículo, de verdad te tomó dos meses leer el libro? "Wow" (en el buen sentido de la palabra) a mi cuando un libro me gusta me lo leo demasiado rápido, es como un chocolate, algunos lo guardan otros lo desaparecen).
Saludos!

εїз ..•·.·´¯`·.·•εїз May Gonzàlez εїз •·.·´¯`·.·•..εїз... dijo...

supeeeeeer oye me encantò todoooo

Angus dijo...

Qué espacio más intenso!. Me has dejado sin palabras... que más se puede añadir, quizás sólo elogios. Como decirte que ha sido un absoluto placer leer algo tan, tan bueno. Un saludo. :)