“Tengo 35 años y no he formado familia”, es el pensamiento que domina el sueño y el amanecer de Claudia. Una y otra vez se pregunta cómo es posible haber llegado a esa edad sola y sin hijos siendo toda una profesional, pero su única respuesta es Joaquín, el hombre amable que ahora la corteja y ella trata de encajarlo en su vida sin saber específicamente en qué espacio ubicarlo.
“¿Acaso Joaquín llena mis expectativas o me he vuelto demasiado exigente?”, ella trata de justificar sus decisiones, se repite como un eco las razones, peor que un goteo constante.
- No hay prisa linda, cálmate, y mira, si realmente no te interesa Joaquín no le des más largas al asunto, al pobre lo tienes en una cuerda floja- suelta esa apreciación Mariela, la amiga de Claudia, mientras comparten un café.
- No es tan fácil como eso, sólo fíjate en mi edad y aún no he formado una familia, y bueno si te pones a dar cuenta tampoco debo esperar aún más. Con respecto a Joaquín está bien, quizás si es un buen hombre, pero lo veo como ese tradicional tipo que quiere tener a la mujer en la casa, no quiero eso, por más que quiera formar una familia.
- Te estas contradiciendo amiga, creo que no sabes lo que quieres.
- Ya va, ¿y acaso en algún momento tu creíste que Joaquín iba a llenar mis expectativas?
- Pues déjame decirte que no hay nada perfecto, y sinceramente creo que tal como están las cosas él es un buen hombre comparado con los demás.
- Ok Mariela, ¿Pero qué le iba a aportar de interesante Joaquín a mi vida?, es un hombre demasiado simple y predecible para mi gusto amiga.
- Está bien, como tú prefieras, por lo visto ya tomaste tu decisión.
De golpe se hicieron las ocho de la noche y ya Claudia estaba lista para salir con Joaquín, ¿Cómo?, ella no sabe, es como si hubiese actuado de forma mecánica durante todo ese día, ya que su mente planeaba una y otra vez como solicitarle a él el papel que ella necesitaba que cumpliera. En sí eso no era cosa fácil.
A las nueve en punto de la noche, tal como estaba planteado, Joaquín la pasó buscando, salen a un bar, beben, bailan, escuchan música en vivo, comparten una que otra caricia acompañada de un beso. Él tranquilo disfrutando, como si no pasara nada, ella en cambio absorta tratando de ubicarse en el contexto.
“¿Qué pensará de mí Joaquín si le planteo lo que tengo pensado?, ¡ay no!, ya me estoy creando un meollo en mi cabeza”, decía a sí misma Claudia.
Ella y Joaquín mantenían una relación libre, sin ataduras, pero en la realidad a él le daba fastidio complicarse la vida en ver a otras mujeres, se conformaba con Claudia, aunque ella no fuera el prototipo con la que él pensaba compartir, pero llenaba en gran medida sus expectativas. Quizás el temor a involucrarse seriamente era lo que mantenía sus sentimientos alejados, pero ahí estaban, latentes, como pólvora instalada para ser encendida con el más mínimo asomo de fuego. Bastaba la palabra que diera luz “verde” y el panorama cambiaría. Para Joaquín no sería problema, no era un hombre muy complicado, al contrario poco exigente y sencillo en su vivir.
Se acabó el baile, los tragos, la música en vivo, y llegó el momento de marchar hacia la parte cumbre de la cita. Joaquín ésta vez fue al apartamento de Claudia decidido a quedarse esa noche allí, amanecer con ella como otras tantas veces.
Otra vez comenzó el tango, Joaquín mismo colocó la música adecuada, graduó la luz a una forma tenue, mientras el cuerpo de Claudia se dejaba llevar, pero su pensamiento no estaba allí, estaba en otra galaxia, aquella del plan que ahogaba su garganta de sólo pensar confesarlo.
Él tomó sus mano y muy al estilo medieval besó ambas mientras se arrodillaba para luego imprimir otro beso sobre la figura de las piernas que se dejaban ver a través de la tela del pantalón, después aferrarse a sus caderas y así subir sus manos lentamente sobre su cuerpo hasta apoderarse de su cuello con un largo beso para completar la estimulación. El cuerpo de Claudia respondía, disfrutaba, pero su ser espiritual no estaba allí, padecía de la bruma de pensamientos que no se paraban pensando una y otra vez cómo decírselo, ella simplemente sentía, seguía el vaivén que le invitaba Joaquín.
“¿Será que huirá, o aceptará?, ¿y si acaso estoy dejando pasar la oportunidad de mi vida?, ¿y si después de todo Joaquín resulta un hombre responsable?”, se preguntaba.
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“¿Acaso Joaquín llena mis expectativas o me he vuelto demasiado exigente?”, ella trata de justificar sus decisiones, se repite como un eco las razones, peor que un goteo constante.
- No hay prisa linda, cálmate, y mira, si realmente no te interesa Joaquín no le des más largas al asunto, al pobre lo tienes en una cuerda floja- suelta esa apreciación Mariela, la amiga de Claudia, mientras comparten un café.
- No es tan fácil como eso, sólo fíjate en mi edad y aún no he formado una familia, y bueno si te pones a dar cuenta tampoco debo esperar aún más. Con respecto a Joaquín está bien, quizás si es un buen hombre, pero lo veo como ese tradicional tipo que quiere tener a la mujer en la casa, no quiero eso, por más que quiera formar una familia.
- Te estas contradiciendo amiga, creo que no sabes lo que quieres.
- Ya va, ¿y acaso en algún momento tu creíste que Joaquín iba a llenar mis expectativas?
- Pues déjame decirte que no hay nada perfecto, y sinceramente creo que tal como están las cosas él es un buen hombre comparado con los demás.
- Ok Mariela, ¿Pero qué le iba a aportar de interesante Joaquín a mi vida?, es un hombre demasiado simple y predecible para mi gusto amiga.
- Está bien, como tú prefieras, por lo visto ya tomaste tu decisión.
De golpe se hicieron las ocho de la noche y ya Claudia estaba lista para salir con Joaquín, ¿Cómo?, ella no sabe, es como si hubiese actuado de forma mecánica durante todo ese día, ya que su mente planeaba una y otra vez como solicitarle a él el papel que ella necesitaba que cumpliera. En sí eso no era cosa fácil.
A las nueve en punto de la noche, tal como estaba planteado, Joaquín la pasó buscando, salen a un bar, beben, bailan, escuchan música en vivo, comparten una que otra caricia acompañada de un beso. Él tranquilo disfrutando, como si no pasara nada, ella en cambio absorta tratando de ubicarse en el contexto.
“¿Qué pensará de mí Joaquín si le planteo lo que tengo pensado?, ¡ay no!, ya me estoy creando un meollo en mi cabeza”, decía a sí misma Claudia.
Ella y Joaquín mantenían una relación libre, sin ataduras, pero en la realidad a él le daba fastidio complicarse la vida en ver a otras mujeres, se conformaba con Claudia, aunque ella no fuera el prototipo con la que él pensaba compartir, pero llenaba en gran medida sus expectativas. Quizás el temor a involucrarse seriamente era lo que mantenía sus sentimientos alejados, pero ahí estaban, latentes, como pólvora instalada para ser encendida con el más mínimo asomo de fuego. Bastaba la palabra que diera luz “verde” y el panorama cambiaría. Para Joaquín no sería problema, no era un hombre muy complicado, al contrario poco exigente y sencillo en su vivir.
Se acabó el baile, los tragos, la música en vivo, y llegó el momento de marchar hacia la parte cumbre de la cita. Joaquín ésta vez fue al apartamento de Claudia decidido a quedarse esa noche allí, amanecer con ella como otras tantas veces.
Otra vez comenzó el tango, Joaquín mismo colocó la música adecuada, graduó la luz a una forma tenue, mientras el cuerpo de Claudia se dejaba llevar, pero su pensamiento no estaba allí, estaba en otra galaxia, aquella del plan que ahogaba su garganta de sólo pensar confesarlo.
Él tomó sus mano y muy al estilo medieval besó ambas mientras se arrodillaba para luego imprimir otro beso sobre la figura de las piernas que se dejaban ver a través de la tela del pantalón, después aferrarse a sus caderas y así subir sus manos lentamente sobre su cuerpo hasta apoderarse de su cuello con un largo beso para completar la estimulación. El cuerpo de Claudia respondía, disfrutaba, pero su ser espiritual no estaba allí, padecía de la bruma de pensamientos que no se paraban pensando una y otra vez cómo decírselo, ella simplemente sentía, seguía el vaivén que le invitaba Joaquín.
“¿Será que huirá, o aceptará?, ¿y si acaso estoy dejando pasar la oportunidad de mi vida?, ¿y si después de todo Joaquín resulta un hombre responsable?”, se preguntaba.


3 palabrearon:
Que final tan "intenso" para esta primera entrega jajaja o sea xD entré decidido a leer algo ligero y me encuentro con un contenido XX xD jajajajaja está bien, me gusta la velocidad acelerada y al mismo tiempo tranquila en la que se desenvuelve el relato.
.:.
tiene muy poco de literatura (para mi gusto), pero que jode de vida, es impresionante como trasmites vida...
.:.
claudia! concéntrate..acaso no ves que está haciendo Joaquin? =P
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