
Soy la carne en tus dedos,
la debilidad de tus labios,
la tierna caricia que gritas,
el alma destrozada de tu amada.
Soy la entrega completa
y soy tu climax,
tu necesidad,
y tu obstáculo en la maldad nocturna.
Soy el sabor de la noche larga
cuando pierdes la consciencia del tiempo,
Soy la que extrañas
cuando tu niño interno se asoma.
Soy la guitarra
que dibujas con tus fantasias
el león ya salió de su cueva.
Soy la que grita compasión
ante la opinión sexista,
aquella que libera sus hormonas
para mostrar lo que es,
y no la dejan ser.
Soy el muro
que contiene tus patadas,
Soy el corazón
que no sabe qué es vida.
Soy el anillo
que llevas en tus recuerdos,
Y tu eres el fuego
que se aviva lejos de mi.
Más fácil es hablar
que ver tu rostro,
decidir
sin sentir la amenaza de tus manos.
Y hoy
no quiero ser más la lagrima,
ni la histeria que se desata,
cuando la impotencia gana la batalla.
No quiero ser la mejilla hinchada
ni el espíritu dócil
que dice sí a tus palabras.
No me basta ser la tentación
que muerdes en la hora del deseo.

