martes 24 de abril de 2007

Soy aquella mujer



Soy la carne en tus dedos,

la debilidad de tus labios,

la tierna caricia que gritas,

el alma destrozada de tu amada.


Soy la entrega completa

y soy tu climax,

tu necesidad,

y tu obstáculo en la maldad nocturna.


Soy el sabor de la noche larga

cuando pierdes la consciencia del tiempo,

Soy la que extrañas

cuando tu niño interno se asoma.


Soy la guitarra

que dibujas con tus fantasias

el león ya salió de su cueva.


Soy la que grita compasión

ante la opinión sexista,

aquella que libera sus hormonas

para mostrar lo que es,

y no la dejan ser.


Soy el muro

que contiene tus patadas,

Soy el corazón

que no sabe qué es vida.


Soy el anillo

que llevas en tus recuerdos,

Y tu eres el fuego

que se aviva lejos de mi.


Más fácil es hablar

que ver tu rostro,

decidir

sin sentir la amenaza de tus manos.


Y hoy

no quiero ser más la lagrima,

ni la histeria que se desata,

cuando la impotencia gana la batalla.


No quiero ser la mejilla hinchada

ni el espíritu dócil

que dice sí a tus palabras.


No me basta ser la tentación

que muerdes en la hora del deseo.

miércoles 18 de abril de 2007

Mujer guerrera sobre la tierra



No soy el cuerpo de Venus

que salió del milagro

resultado de un cirujano

para llenar mi ego.


No quiero centímetros cúbicos

que desplacen a mi ser,

no encajaré en la horma

de la Barbie masificada.


¿Dónde quedó el ser humano?

¿Dónde quedó el amor propio?

¿Dónde quedó el valor de lo natural?

¿Dónde quedó mi opción a elegir?


Rechazo ser lo que me pides,

me niego a sacrificar mi naturaleza;

te exijo me devuelvas a mi musa

la mujer guerrera sobre la tierra.

sábado 14 de abril de 2007

Sin contracción



Reclaman derechos

sobre una cobija de amarguras

la naturaleza

del parto olvidado.


En la sexualidad

mutilada

fustigas mis esperanzas

con gritos ahogados.


Se me quedó la voz

cuando dije tu nombre

en la noche plagada

del volcán amoroso.


Criatura inocente

sin mancha de tinta negra

ya no vendrás a mi vida,

no sabré de ti.


Jugaba a tenerte,

a cuidarte con mis manos,

bañarte de caricias,

yo, dibujaba tu rostro.


Por caprichos

de moleculas marchitas

se me quebró la voz

para llorar de dolor.


Sin contracción,

ni epasmos,

me quedé en el sueño

de un bisturí y tu ombligo.


Ya ni el frío

de una camilla

sentirá mi sudor,

ni el pujar amargo para verte.


Cuerpecito

que me fue negado

¡Cómo te esperé!


Deja los ciclos

y regoge el lamento

porque la calle no abraza

a los ángeles desolados.


Te amaré

por ser lo que eres

por tu inocencia en la mirada.


Hijo de otros cuerpos

eres más mi espíritu

que la sangre.


Te esperaré

en este nido incompleto

para colmarte

de alientos y amores.

viernes 13 de abril de 2007

Hablar de él

“En un apartamento recóndito, en una álgida metrópolis, el joven Marcos alimentaba a su bebé Isabel de apenas ocho meses. El sentido de la vida de Marcos ha cambiado desde el nacimiento de su hija, al asumir sin tapujos el cuidado de Isabel. Bañarla, cambiarle el pañal, darle su biberón, estar pendiente de su sueño, y también desvelarse.

Nunca su padre y su madre le dijeron sobre los detalles de los bebes, pero él sin miedo descubrió el placer de ayudar a su esposa Angélica en las atenciones de la niña.

Ahora comprende la esencia humana de las cosas, más allá de la fuerza, sino cuando esta se fusiona con los sentimientos de protección y solidaridad. Asimismo se dio cuenta que es tan importante ser buen padre como también un esposo amoroso. Ello lo llevó a crear un lazo especial con su hija y saber cada una de sus necesidades.

Él consintió sus caprichos, le colocó las barreras necesarias para sembrar en ella valores para su vida, siempre estuvo ahí para escucharla, y era sagrado compartir con ella los momentos especiales.

Mientras Marcos cuidaba a la niña, Angélica realizaba muchas veces las labores de la casa, y al final de una dura jornada todavía le quedaba energía para atender a su esposa. Al pasar los años Isabel se convirtió en una excelente deportista, destacada en el tenis, pero ello no hubiese sido posible sin el apoyo de su padre y de su madre por igual.”

Tal vez parezca la historia perfecta, pero, al contrario de las novelas de televisión, plantea una idea de familia y de cómo llevar las tareas del hogar, involucra al hombre en un proceso que se le ha asignado exclusivamente a la mujer por siglos.

No en vano se hace necesario redimensionar el contenido de los cuentos, y hablar de ese caballero como padre se estaría contribuyendo a enseñar a los varones cómo deben colaborar en la casa si quieren lograr un matrimonio feliz, o en lo posible que lo sea.

También es necesario quitar el papel de la mujer sufrida, o el de la fémina desenfrenada, en los medios de comunicación. Es vital que la plataforma de la comunicación del siglo XXI sirva para el rescate de un elemento esencial de la sociedad como es la familia, pero no desde la visión tradicional sino adaptada al ritmo de vida de una pareja moderna.

Lo más seguro es que al leer esto muchos o muchas pensarán en un caso similar que si pasa en su entorno, es cierto, se están viendo los cambios en los padres venezolanos de este tiempo. Sin embargo, valdría la pena estudiar a qué población corresponde ese grupo dentro de la masa del género masculino que ha engendrado hijos en este país.

A pesar de los errores, todavía los medios de comunicación mantienen su cuota de poder en el contexto no solo nacional, sino mundial, porque es la era de la información. Ahora lo que vale analizar es el valor y la certeza de ese mensaje, y en esa tónica tomar lo bueno y dejar lo malo que se pueda escuchar en la radio, en la televisión, o que se lea en prensa o en Internet.

Si en los hogares ya no se dan con mucha frecuencia las conversaciones entre padres e hijos, entonces los medios de comunicación deben asumir su responsabilidad en el proceso de socialización, hablar de él como el padre, como el esposo responsable, como el hombre de valores y que los enseña a sus pequeños.

Si se hace ese proceso, de seguro se vería un cambio sustancial en medio de la fractura que ha sufrido la familia en los últimas décadas. Sería involucrar al hombre en el hecho del hogar más allá del aporte monetario como sostén de la casa.